M I E D O

Un camino para salir del miedo en el lugar de trabajo

Este fragmento es un extracto del libro Keep Going: A Guide to Organizing When It’s Hard de Ellen David Friedman para Labor Notes.

¿Cuál es el mayor regalo que ofrece el movimiento obrero? No es la capacidad de negociar un convenio, de protegerte en el trabajo o de conseguir salarios más altos, por más que todo eso sea importante.

El mayor regalo es un camino para salir del miedo. Una vez que vemos ese camino bajo nuestros pies, puede comenzar la verdadera resistencia y la construcción del movimiento.

En muchos lugares de trabajo, parece que el miedo nos lo empapa todo. Pregúntale a un compañero qué tal le va y brotarán las quejas. Pero invita a ese mismo compañero a asistir a una pequeña reunión, a unirse a otros y hablar con el jefe, a firmar una petición o a defender a un compañero y se levantará como un muro de ladrillo.
Miedo a las represalias, a perder el «acceso» a un jefe, a crear división, a perder amistades, a perder el empleo, a que te etiqueten de quejica o de alborotador.

Este miedo parece tan normal que la mayoría de la gente no lo cuestiona. De hecho, te cuestionarán a ti, la persona que les trae este problema. Y así vamos dando tumbos, aislados, aceptando el miedo y la desdicha como si fueran inevitables. Esta cultura del miedo les viene de maravilla a los jefes. Saben que los trabajadores refunfuñan, pero mientras el refunfuño no se convierta en acción, pueden ignorarlo.

Un organizador en el lugar de trabajo tiene que ayudar a sus compañeros a encontrar el camino para salir del miedo. No culpes, juzgues ni desprecies a la gente por tener miedo; ayúdales a superarlo. Puede ser un proceso largo y desigual. Tu paciencia será clave.

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Esto es lo que los sindicatos no pueden hacer para aliviar el miedo: no podemos alardear del poder de las leyes laborales, que en su mayoría son demasiado débiles para ofrecer una protección tranquilizadora. No podemos prometer que otros —dirigentes sindicales, organismos gubernamentales— harán el trabajo pesado. No podemos negar que hay riesgos en pasar a la acción. Y no podemos dar garantías. Los resultados están condicionados por cuánto poder construyamos.

En su lugar, empieza por tu propia actitud. ¿Estás dispuesto a confiar en tus compañeros, aunque tu lugar de trabajo tenga divisiones de larga data? Cultiva la curiosidad hacia ellos. Trae respeto: si no por sus creencias, sí por la aportación que pueden hacer.

Destierra el cinismo. No tiene lugar en la organización. Irradia confianza en que vosotros, de forma colectiva, podéis cambiar el equilibrio de poder. Inspira en tu compañero el sentimiento de: «¡Por fin alguien me escucha! No soy invisible».

El miedo se reduce con una conversación constante: cara a cara, en grupos pequeños, en grupos grandes. Cuanto más escuchamos las experiencias de los demás y reconocemos puntos en común, menos aislados nos sentimos. Cada novedad en el lugar de trabajo, cada intento de resistencia, cada contramovimiento del jefe debería desencadenar una conversación con propósito.

El mayor poder que tenemos es la unidad entre la mayoría. Encuentra un acuerdo sobre algo. A medida que incorpores a más y más gente a tus conversaciones, mantén el oído atento a los objetivos compartidos, no solo a las quejas compartidas. Escucha, habla, resume, amplía, repite.

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Participa en actividades que reduzcan el miedo. Donde el miedo domina, no es buena idea pedirle a la gente que asuma riesgos de inmediato. Pedirle a alguien que firme una petición o que le plante cara a un jefe puede aterrarlo. En su lugar, habla a fondo de sus miedos concretos y haced una lluvia de ideas sobre cómo podrían afrontarse esos desastres anticipados. Pregunta qué información necesitan para sentirse más seguros a la hora de actuar, e intenta encontrarla. Saca a la luz los rumores, deseciónalos y disípalos.

Invita a tu compañero a nombrar a otras personas en las que confíe en el trabajo, y propón un debate en grupo. Pon un ejemplo de cómo tú —o un grupo— pasasteis a la acción y conseguisteis algo. Comparte un artículo que describa un éxito organizativo entre trabajadores similares (los archivos de Labor Notes son una gran fuente) y ofrécete a comentarlo.

Recuerda: no vendas, no des la lata y no muestres desesperación. Todos estos modos de comunicación reducen la confianza y aumentan el miedo.

El momento más probable en que tus compañeros empezarán a actuar, a pesar de su miedo, es cuando han elaborado juntos un plan como grupo. Si llegas a ellos insistiendo en una estrategia ya hecha, puede que la rechacen: «Ja, qué fácil es decirlo para ti, que ya tienes una diana en la espalda».

Esto no significa que no debas llegar a una reunión preparado con tus propias ideas. Pero debes ser flexible y asegurarte de que estás involucrando de verdad a los demás en el debate, no solo consiguiendo que respalden tu idea.

Cuando la gente delibera junta, genera ideas que están arraigadas en su propia experiencia y que tienen sentido para ellos. Los planes que surjan serán propiedad del grupo, lo que aumenta la sensación de seguridad que da el número.

Puedes empezar poco a poco. La acción colectiva es esencial para superar el miedo, pero «acción» podría significar que un grupo de compañeros se reparta una lista de nombres, decida quién llama a quién, acuerde los objetivos de esas llamadas y fije una hora para volver a reunirse.

El miedo a hablar con los compañeros es el más importante que hay que superar, porque, una vez que empieza esa acción, la dinámica de construir poder se ha puesto en marcha, y vendrá más acción.


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